La mención que hace el Sr. Eberhardt en su carta a que "... años después apareció con mi propia imprenta", se debe a que, en un comienzo, por las mismas razones por las que ocultó su nombre, también decidió ocultar el hecho de que el periódico se imprimía en Valparaíso y,
por este motivo, obtuvo el consentimiento del Sr. F. Jorquera, de la ciudad de La Serena, para que el pie de imprenta del periódico apareciera como Imp. del "PROG" de F. Jorquera, SERENA, lo cual mantuvo hasta el N° 28, Año III, de Abril de 1880, inclusive.
El “Guía” se editaba mensualmente, contaba con 8 páginas y su tamaño era de 255 mm de alto por 180 mm de ancho. Dimensiones que posteriormente variaron a 244 mm de alto por 174 mm de ancho.
Como corresponde a un texto Guía, el primer número comienza con una descripción de lo que es la filatelia, el origen de la palabra y su significado, definiéndola como "la ciencia de coleccionar sellos de correos" y, a continuación, se explaya en la forma en que operaban los correos antes de la aparición
de la primera estampilla en el año 1840 y su evolución posterior.
Enseguida viene una relación, profusamente ilustrada, de las últimas emisiones de sellos en América, Europa, Asia y África, para continuar con un detallado artículo sobre las emisiones de los Estados Unidos. En la Sección Miscelánea se incluyen diversos tópicos
breves como: la buena calidad de los sellos postales de Rusia; el fraude al correo que realizan personas inescrupulosas que lavan los sellos para quitarles las marcas y usarlos nuevamente; etc.
En la última página hay una sección AVISOS, en la que se inserta una lista con los nombres y direcciones de los agentes que están facultados para recibir suscripciones al “GUIA” en las ciudades de Valparaíso, Santiago, Concepción, Copiapó y La Serena. Además, en el extranjero en las
ciudades de Lima, Nueva York y Hamburgo. Finalmente, dos avisos de comerciantes filatélicos, del Sr. T. Abadie, calle del Palacio 16, Lima, Perú, que ofrecía un "est" surtido de sellos de correos, sobres y fajas timbradas, etc. y del Sr. J. R. Alvarez, Cigarrería de la Estrella, calle de San Agustín, La Serena, que anunciaba un "buen
surtido de sellos constantemente a la venta".
Los numerosos contactos que el Sr. Eberhart mantenía dentro y fuera del país, le indujeron a dar a conocer, por intermedio del “GUIA”, a las autoridades postales de diversos países. Así fue como publicó los retratos y biografías de, entre otros, los Directores Generales de Correos de: Paraguay, don
Silvano Sánchez y de su sucesor, don Manuel Avila; del de la República Dominicana, don Francisco Q. Contreras; del de Cuba y Puerto Rico, don Carlos de Rojas; del de Uruguay, don Remigio Castellanos, y del de la Argentina, don Eduardo Olivera, de quien hace una interesante reseña biográfica, desde su nacimiento en Buenos Aires, el 2 de Junio de 1827, pasando
por los estudios que realizó en su país natal, así como estudios en Francia y Alemania, siendo nombrado Director General de Correos de Argentina en el año 1874 y, más adelante, en Abril de 1876, Director General de Correos y Telégrafos, al fusionarse ambos servicios.
La amplia difusión que tuvo el “GUIA” se refleja en el hecho de que, al poco tiempo de comenzar su publicación, se constituyó en el órgano oficial de la Sociedad Filatélica Sud Americana de Lima, Perú, motivo por el cual, además de otras noticias, se publicaban en el “GUIA” las
actas de las reuniones de su Junta Directiva.
Posteriormente, en Septiembre de 1879, el “GUIA” quedó constituida, también, como el órgano oficial de la Sociedad Filatélica Uruguaya, por lo que la actividad de dicha Sociedad en esa época se puede conocer gracias a la publicación de las actas de su Junta Directiva.
Con esfuerzo y perseverancia, como lo relata en su carta de 1898, a la que nos hemos referido antes, Enrique Eberhardt había logrado ahorrar algún dinero, lo que le permitió adquirir una imprenta de segunda mano, con la que continuó editando su querido “GUIA”, pero el destino le tenía reservada una mala
pasada. El 15 de Marzo de 1883, un incendio destruyó sus modestas instalaciones, dejándolo prácticamente sin recursos. Sin embargo, a fuerza de tesón, coraje y con lo poco que pudo salvar del siniestro continuó con su publicación hasta el N° 84, Año VII, de Diciembre de 1884.